Hola, siglo XXI
Ha tardado un poco, pero el siglo XXI ya se ha destapado y nos está enseñando su verdadero aspecto. Un siglo agresivo, puede que incluso enfadado. Decidido a cambiar cosas, aunque tenga que ser por la fuerza. Si nos gusta, bien, y si no, también.
El primer cuarto de siglo ha estado dominado por la naturaleza. El huracán Katrina arrasó Nueva Orleans, un volcán se desató en la isla de La Palma, han llegado los incendios de sexta generación, las olas de calor han matado a más de 70.000 personas en Europa, hemos vivido episodios intensos de sequía en el Mediterráneo y hemos visto lluvias súbitas e intensas que han desbordado barrancos y han matado a nuestros vecinos. Y por si todo esto fuera poco, la covid nos dio un puñetazo en la cara recordándonos que somos vulnerables y que algunos estamos mal organizados.
Este 2026 arranca el segundo cuarto de siglo, y todo parece indicar que los hombres quieren ser los protagonistas. Trump, Putin, Xi Jinping, Netanyahu, Musk, Altman…, personajes que acumulan tanta testosterona en la sangre que parece que por sus venas solo fluye ego y ambición. Un grupo violentamente decidido a diseñar un nuevo orden mundial basado en el acceso a los recursos naturales y a la tecnología. Europa no tiene ni una cosa ni otra, así que no les merecemos el más mínimo respeto. En este siglo XXI presenciaremos en directo como se reparten el mundo: organizarán territorios, asignarán recursos, definirán mercados y establecerán reglas de juego en sus zonas de influencia. Exactamente lo mismo que hizo Europa con la revolución industrial: una nueva tecnología pedía volver a organizar los recursos y el poder, un par de guerras mundiales para dejar claro quién manda y después unas reuniones para dibujar nuevas fronteras y ordenar mercados. En la revolución industrial nosotros éramos los empresarios; todo parece indicar que en la revolución digital solo seremos los clientes.
Es cierto, el siglo XXI ha presentado sus cartas. Pero aún quedan por delante 75 años, y es demasiado pronto para claudicar o dar la partida por perdida. En algún momento nos tocará actuar a nosotros, a las personas, aunque sea en el tercer cuarto del siglo. Este siglo XXI será consecuencia directa de lo que haga el planeta, y también de lo que hagan los hombres adictos a la testosterona que ahora tienen el poder, pero también dependerá de lo que haga la gente. Formamos parte de la ecuación y aún no hemos actuado. La misma tecnología que nos espía y nos hace dudar de la realidad está a nuestra disposición para coordinarnos y acceder a todo tipo de información. Ahora que todo es digital, todo lo que hacemos deja rastro y se puede saber, pero pasa lo mismo con todo lo que hacen ellos: deja rastro y se puede saber. Si estamos convencidos de que con esta tecnología podemos mejorar el progreso científico, llevar la medicina a nuevos horizontes que salvarán millones de vidas, hacer más eficientes los procesos y las actividades o explorar el universo, tenemos todo el derecho a trabajar para que con esta tecnología también la política mejore. Recuerden que el siglo XXI parece decidido a cambiar cosas, aunque tenga que ser por la fuerza.
( artículo de opinión publicado en La Vanguardia el 12 de enero de 2026 )




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